Hay momentos en mi vida donde siento que no voy por buen camino o si más no que hay cosas que no estoy comprendiendo y que hacen que sienta cierto sufrimiento.

Son esos días donde me encuentro un poco más desanimado, con menos fuerzas y con cierta actitud de derrota y victimismo a la que me cuesta dejar ir. Hago mis esfuerzos e intento salir pero siempre me vienen esos mismos pensamientos en la cabeza.

No quiere decir que me sienta especialmente desequilibrado emocionalmente, es decir, me encuentro bastante estable, pero tengo que separar lo que es la estabilidad emocional de la parte más interna y de la marea de emociones que a veces cuesta separar, separar y desgranar que significa cada una, y de donde vienen.

En esos momentos cuando consigo relajarme, cuando consigo parar mi mente, que muchas veces lo consigo andando por la montaña, escuchando música relajante, leyendo un libro de aprendizaje….cuando consigo ese momento es cuando de golpe vuelvo a conectar con mi ser.

¿Y qué es lo que hago en ese momento?

Hablar en mi cabeza con «Dios», con mi parte más interna, con la energía universal, como lo quieras llamar, y lo único que le digo es que aquí estoy y que acepto mi destino, que mi misión es obrar el bien y que me ayude a hacerlo, que mi ilusión es poder servir a los demás siempre desde el amor y el corazón y que por lo tanto le pido que me guie y que me ayude, y le pido también que me ayude a ser feliz.

Obviamente yo tomo mis decisiones, equivocadas o no, a veces las tomamos pensando en que es lo mejor pero no nos damos cuenta que el ruido de nuestra cabeza no nos está guiando bien e incluso a veces la cobardía hace que en un momento dado sientas que debes hacer algo y no eres capaz porqué no tienes la suficiente valentía como para tomar ciertas decisiones.

Yo creo que todos tenemos un destino, que el como vamos a llegar a ese destino depende de nosotros, pero que las circunstancias de la vida no dejan de ser métodos de aprendizaje sobre cosas nuestras y que eso nos ayuda a llegar a el propósito de nuestra vida, a nuestro Ikigai. Sólo si eres consciente y tienes voluntad, podrá llegar a encontrarlo.

¿Tu crees en el destino?

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